Y ahí estaba, en la época más feliz y activa de su vida, sin embargo, no podía dejar escapar este momento que se le había presentado, y que si saliera más a la calle por barrios más peligrosos, aún si cabe (pues Madrid en el año 2009 y hace tiempo atrás de la dictada fecha, cada vez iba decayendo más hacia una ciudad sin ley), hubiera encontrado esa oportunidad por doquier en cada esquina, en cada calle, en cada banco... Pero se le había presentado la oportunidad allí, en su barrio más o menos tranquilo, paseando tranquilo, paseando a la vez que reflexionaba y se le iban cayendo unas lágrimas que en su interior tenían mezclado una poción de alegría y felicidad.
Este grato sentimiento de repente se esfumó, se le escapó de sus ojos, ya no vertía esas cálidas lágrimas que tanto le satisfacían, ahora en vez de esa satisfacción, le invadió un odio mezclado con pena y repugnancia, y enfrente de sus ojos en los cuales ahora podía leerse una ira infinita se encontraba el origen de sus sentimientos actuales: esa persona, ese... a juicio de nuestro protagonista no había palabra en ningún diccionario de la tierra para definir a ese ser. Se trataba de un nazi, pero lo que más le impresionaba de este antisemita, no eran las pintas que llevaba, no era su bomber, ni sus botas con punta de metal, ni su pelo rapado, ni siquiera su asqueroso y repugnante símbolo tatuado en el cuello de aquel personaje, aquella especie de cruz doblada por los extremos, de la cual ese personaje repugnante seguramente no tenía ni idea de que significaba realmente. No, no era nada de eso lo que le había dejado sin aliento y totalmente petrificado durante unos 10 segundos, los cuales le parecieron una eternidad, no, esos detalles los podía ver en cualquier web, leer en cualquier libro, pero la escena que le había absorbido hasta la última gota de su suero fisiológico, esa escena que se le había clavado en lo más hondo de su hipotálamo, ese momento que siempre recordaría se trataba de un asesinato, pero no fue un asesinato común (aunque nunca había visto un asesinato en directo la verdad), se trataba del asesinato más cruel que se imaginaba jamás presenciaría en su vida:
Ahí estaba el puto cabrón de mierda (primeras palabras que pasaron por su mente), ese cobarde, pues los antisemitas no son más que eso, cobardes que van de fuertes, cuando son lo más débil que ha creado la madre Gea.
-¡Ey tú, negrito de mierda, que coño haces enfrente de mi vista, fuera!
-Perdona tío, ahora me voy – dijo en tono asustadizo el niño que tendría la mitad de edad que su abusón.
-¡¡¡ Lárgate ya coño!!!
Y el niño intentó escapar de un miedo aterrador, un miedo que tanto su suerte como su inocencia, no le habían dejado sentir hasta este, el que sería su día final, acabando con la corta vida del chaval. De repente, se tropezó, todavía no sabía atarse bien las zapatillas, asi que pisó sin darse cuenta su ya deshilachado cordón (de tantas veces que lo había pisado) y cayó de bruces contra el suelo, pero su mala suerte, fue peor cuando, debido a su tropiezo, una pequeña piedrecilla, menor que una china, mezclada con la arena que había en el parque (lugar donde se desarrollaba la acción), fue a parar directamente al globo ocular del abusón, produciéndole un terrible dolor, pues su párpado había atrapado aquel proyectil, y había echo que éste rozase una y otra vez la crisálida de su ojo.
Se enfureció, se fue enfureciendo, se puso rojo, gritó, se le oyeron a varios barrios a la redonda sus insultos, sus quejas, sus irracionalidades producidos únicamente, por...
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¿Madrid una ciudad sin ley? xD Sería curioso que explicases por qué.
ResponderEliminarMuy simple, pero entretenida.
Yo también tengo un blog. Sólo llevo dos entradas. Ya irán tirando a más.
Un saludo.
Menuda implicación social, javi...
ResponderEliminarDesde luego has cambiado, y me alegro, porque te veía antes un poco estancado, pero ahora estás en plena evolución...