Goethe:
Suavemente, suavemente; nada de audacia para así no encontrarte con la desgracia y la perdición...; por amor a tus padres, mira de domar tus impulsos sobrehumanos, que son demasiado violentos. Conténtate con adornar silenciosamente tu campo.
Hölderlin:
¿Qué he de domar, si el alma me arde al verse encadenada? ¿Por qué vosotros, oh espíritus relajados, queréis arrancarme de mi propio elemento, que es el fuego, si no puedo vivir más que combatiendo?
Stefan Zweig.
La lucha contra el demonio.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario